Mitos y realidades de la lactancia materna

La lactancia materna es fundamental para la alimentación del recién nacido, ayuda a fortalecer el sistema inmunológico, gracias a todos los componentes y nutrientes biológicos que ningún otro tipo de alimento le brindará al bebé. Además, sirve de apoyo emocional, ayudando con la creación del vínculo entre la madre y el bebé.

Sin embargo, abundan los mitos alrededor de esta fase esencial, los cuales pueden generar temor o preocupación. En la siguiente nota te contamos esos mitos populares que se han creado entorno a la lactancia materna, lo que genera mucha inseguridad en las mamás.

Mito1: “Amamantar es doloroso”

Si bien amamantar no debería doler, es común que los senos y pezones se sientan adoloridos y sensibles por unos días, mientras su cuerpo se ajusta a esta nueva tarea.

Mito 2: “Los primeros días no produciré suficiente leche materna”

La leche que se produce los primeros días se llama calostro, conocido también como “oro líquido”. Esta leche es rica en todos los nutrientes que el bebé necesita. Aunque su volumen sea pequeño, es suficiente para llenar el pequeño estómago de su bebé recién nacido. Amamantar a su bebé cada vez que tenga hambre garantizará que coma lo suficiente y también fortalecerá su producción de leche.

Mito 3: “Si mi bebé llora, probablemente es porque no estoy produciendo suficiente leche”

Los bebés lloran para comunicarse. Si bien lo hacen cuando tienen hambre, también lloran cuando tienen calor o frío, cuando necesitan un cambio de pañal, se sienten sobre estimulados, están cansados o simplemente cuando quieren que alguien los cargue. 

Mito 4: “Amamantar hace que se me caigan los senos”

Amamantar no tiene nada que ver con esto, las investigaciones demuestran que los cambios hormonales y las fluctuaciones de peso durante el embarazo son la causa principal de los cambios en los pechos. La edad y los factores hereditarios también contribuyen a que esto pase.

Mito 5: “Amamantar será difícil porque tengo los senos pequeños”

Sea cual sea su tamaño, los pechos pueden producir suficiente leche, y los bebés se pueden alimentar sin importar el tamaño de los pechos o los pezones. 

Mito 6: “No amamantes cuando estés enferma porque podrías contagiar al bebé”

Cuando se enferma con un resfriado, gripe o una infección, su organismo produce anticuerpos, es decir, “luchadores contra los microbios” que ayudan a combatir cualquier bacteria o virus que la haya hecho enfermarse. Los microbios no pasan por la leche materna, pero los anticuerpos sí. De manera que si amamanta cuando no se está sintiendo bien ayuda a proteger a su bebé de las enfermedades. Si le da fórmula a su bebé cuando usted no se siente bien, su bebé no recibirá esos anticuerpos que ayudan a protegerlo.

Mito 7: “Debo amamantar en un horario regular, cada dos o tres horas, y entre diez y quince minutos por cada seno”

Este proceso es libre, sin restricciones ni horarios. Deja que tu bebé termine cuando esté satisfecho y que obtenga la leche del inicio y del final de la toma.